Venerable Romano el Melodista, «Dulce Cantor»
1 de octubre según el calendario juliano / 14 de octubre según el calendario civil
Las fechas siguen la tradición del calendario de este proyecto. Las parroquias que usan el nuevo calendario celebran las fiestas fijas en otras fechas civiles.
El venerable Romano el Melodista fue diácono y autor de himnos eclesiales en el siglo VI. Su memoria invita a servir con humildad, a perseverar en la oración y a valorar el canto sagrado como expresión de la fe de la Iglesia.
Vida y contexto
Romano nació en el siglo V en Emesa, ciudad de Siria, de padres judíos. Más tarde se trasladó a Constantinopla, donde fue sacristán en el templo de Santa Sofía. Según la fuente, pasaba las noches orando a solas, en un campo o en la iglesia de Blanquerna, fuera de la ciudad. Al comienzo no destacaba por su lectura ni por su canto, pero continuó sirviendo en la Iglesia. Por su servicio celoso fue ordenado diácono y llegó a enseñar canto. Murió hacia el año 556.
La tradición sobre el don de los himnos
La tradición de la Iglesia relaciona su vocación de himnógrafo con la víspera de la Natividad de Cristo. Romano leyó mal los versos de la kathisma y otros clérigos se burlaron de él; afligido, oró ante el icono de la Madre de Dios llamado Kyriotissa. Según esta tradición, la Madre de Dios se le apareció en una visión, le entregó un rollo y le mandó comerlo. Así recibió el don de comprender, componer y escribir himnos. En la vigilia de la Natividad cantó su primer kontakion, que comienza: «Hoy la Virgen da a luz al Trascendente».
Por qué es venerado
Romano recibe el nombre de «Dulce Cantor» por su servicio a la himnografía de la Iglesia. Sus composiciones llegaron a llamarse kontakia, nombre que la fuente vincula con el rollo del relato tradicional. También es presentado como el primero en escribir en la forma del oikos, que incorporó a la vigilia nocturna en los lugares donde servía. Se le atribuyen cerca de mil himnos; se conservan unos ochenta, y muchos siguen siendo utilizados por los cristianos para glorificar al Señor. Su memoria anima a no desalentarse por las propias limitaciones y a perseverar con humildad en la oración y el servicio.
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Fuentes: Orthodox Church in America