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Santa María Magdalena, mirófora e igual a los apóstoles

22 de julio (calendario juliano) / 4 de agosto

Las fechas siguen la tradición del calendario de este proyecto. Las parroquias que usan el nuevo calendario celebran las fiestas fijas en otras fechas civiles.

Igual a los apóstoles

Santa María Magdalena es venerada como discípula fiel de Cristo, testigo de su Crucifixión y sepultura, y mensajera de su Resurrección. La Iglesia la llama mirófora e igual a los apóstoles porque llevó a los apóstoles la noticia de que había visto al Señor resucitado.

Vida y contexto evangélico

María era originaria de Magdala, una ciudad cercana al lago de Genesaret, en Galilea. Los Evangelios dicen que Cristo expulsó de ella siete demonios y que, después de su curación, se hizo discípula suya. Junto con otras mujeres piadosas, acompañó al Señor mientras predicaba por Judea y Galilea, y sostuvo su ministerio con sus propios bienes. La Escritura no relata los primeros años de María. La presentación de su vida anterior como pecaminosa pertenece a la Tradición de la Iglesia. No debe identificarse automáticamente con otras mujeres de los relatos evangélicos cuyos nombres no aparecen en esta narración.

Junto a la Cruz y ante el sepulcro vacío

María Magdalena permaneció junto a la Cruz durante la Crucifixión de Cristo, con la Madre de Dios, el apóstol Juan y otras mujeres. Vio su sepultura y llegó al sepulcro muy temprano el primer día de la semana. El Evangelio de Juan cuenta que, al encontrar el sepulcro vacío, avisó a Pedro y a Juan. Después volvió llorando, vio ángeles y encontró a Jesucristo resucitado. Cuando Él la llamó por su nombre, lo reconoció. Cristo la envió a anunciar a los apóstoles: «He visto al Señor». Este acontecimiento bíblico fundamenta su especial veneración como primera mensajera de la Resurrección.

Por qué es venerada

El título «igual a los apóstoles» reconoce el carácter apostólico de su testimonio sobre la Resurrección. La Tradición de la Iglesia afirma que, después de la Ascensión del Señor, María siguió anunciando a Cristo, viajó a Roma y terminó su vida terrena en Éfeso, donde trabajaba el apóstol Juan. La misma Tradición la relaciona con el relato de un huevo rojo ofrecido al emperador Tiberio y con la difusión de la costumbre pascual de intercambiar huevos. Estos relatos se reciben como Tradición de la Iglesia, no como hechos históricos probados de manera independiente. Su memoria invita a agradecer la curación, a permanecer fieles a Cristo en el sufrimiento y a dar testimonio gozoso de su Resurrección.

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Fuentes: Orthodox Church in America

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