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Apóstol y evangelista Juan el Teólogo

8 de mayo según el calendario juliano / 21 de mayo según el calendario civil

Las fechas siguen la tradición del calendario de este proyecto. Las parroquias que usan el nuevo calendario celebran las fiestas fijas en otras fechas civiles.

El 21 de mayo la Iglesia celebra una conmemoración especial del apóstol y evangelista Juan el Teólogo, vinculada a su sepulcro cerca de Éfeso. Su fiesta principal se celebra en otra fecha; esta memoria recuerda la peregrinación anual a su lugar de sepultura.

Vida y contexto

Juan el Teólogo es conmemorado como santo apóstol y evangelista, virgen y amigo amado de Cristo. La tradición de la Iglesia en la que se basa esta celebración relata que, cuando tenía más de cien años, se encontraba cerca de Éfeso. Pidió a siete discípulos que lo acompañaran fuera de la ciudad. Después de orar a solas, Juan les indicó que prepararan una tumba en forma de cruz y de la longitud de su estatura. Luego se despidió de ellos y fue sepultado. Cuando los discípulos volvieron más tarde y abrieron la tumba, no hallaron el cuerpo del santo. Este relato pertenece a la tradición eclesial y no debe presentarse como un hecho históricamente demostrado de manera independiente.

La memoria junto al sepulcro

Este día está unido a la peregrinación anual al sepulcro del Apóstol. La tradición añade que cada 8 de mayo aparecía allí un polvo rojizo, llamado «maná de la tierra», al que se atribuía alivio para los enfermos por las oraciones de san Juan. El relato proporcionado señala que san Agustín conocía este polvo y que san Gregorio de Tours escribió sobre él. Algunas fuentes llaman a la fiesta rodismos, el Día de las Rosas. El nombre se ha explicado por el color de la sustancia o por las rosas de primavera y el adorno floral de las iglesias. La fiesta principal de Juan se celebra el 26 de septiembre según el calendario juliano.

Por qué se le venera

La veneración del Apóstol en esta fecha no consiste ante todo en buscar hechos extraordinarios. Es un recuerdo agradecido del discípulo fiel de Cristo y una confianza en sus oraciones. La tradición del sepulcro invita a contemplar la muerte a la luz de la resurrección y a perseverar en el amor a Cristo hasta el final. La oración por los enfermos nunca sustituye la atención médica ni el cuidado responsable. Una peregrinación, las flores o el recuerdo de esta antigua tradición pueden ayudar a dedicar tiempo a la oración serena, a la lectura del Evangelio y a la atención compasiva de quienes sufren.

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Fuentes: Orthodox Church in America

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