Gran y Santo Sábado
Fiesta móvil; en 2026 se celebra el 11 de abril.
Las fechas siguen la tradición del calendario de este proyecto. Las parroquias que usan el nuevo calendario celebran las fiestas fijas en otras fechas civiles.
El Gran y Santo Sábado es el día en que Cristo reposa en el sepulcro, llamado por la Iglesia el Sábado Bendito. Su silencio une el dolor del Viernes Santo con la alegría pascual que ya se acerca.
El sentido del Sábado Bendito
En el Gran y Santo Sábado, la Iglesia recuerda el reposo de Cristo en el sepulcro después de sus sufrimientos y su muerte. Los textos litúrgicos llaman a este día el Sábado Bendito y lo relacionan con el séptimo día de la creación, cuando Dios descansó de sus obras. Según la comprensión de la Iglesia, Cristo, el Hijo de Dios por medio de quien todo fue creado, vino para restaurar la comunión de la humanidad con Dios. Su obra salvadora llega a su cumplimiento y Él reposa de la obra realizada. Por eso, el silencio de este sábado no es un vacío entre el Viernes Santo y la Pascua. Proclama a la vez el cumplimiento de la misión de Cristo y la esperanza de una creación renovada.
La muerte vencida desde dentro
El tropario pascual confiesa que Cristo vence la muerte por la muerte. Su reposo en el sepulcro se entiende como un reposo activo. La Tradición de la Iglesia habla de su descenso al Hades, la región de los muertos conocida en el Antiguo Testamento. Allí Cristo encuentra a Adán, que representa a toda la humanidad, y da vida a quienes estaban retenidos por la muerte. No se trata de un relato de testigo presencial, sino de una confesión teológica expresada en la Tradición y en la iconografía de la Iglesia. El icono pascual del descenso al Hades presenta a Cristo sobre las puertas quebrantadas del Hades, tendiendo sus manos hacia Adán y los justos del Antiguo Testamento. Enseña que el sepulcro ya no es un lugar de abandono definitivo.
La liturgia en el umbral de la Pascua
Las Vísperas del Santo Sábado con la Liturgia de san Basilio el Grande inauguran la celebración pascual, porque el día litúrgico comienza al anochecer. En tiempos antiguos, este oficio formaba parte de la vigilia pascual: los catecúmenos recibían el Bautismo y después participaban en la Eucaristía. Quince lecturas del Antiguo Testamento anuncian la victoria de Dios y la promesa de la resurrección; recuerdan el paso del mar Rojo, la salvación de Jonás y la de los tres jóvenes en el horno. La lectura de Romanos habla de morir y resucitar con Cristo en el Bautismo. Durante el canto «Levántate, oh Dios, juzga la tierra», las vestiduras oscuras de Cuaresma se sustituyen por otras luminosas. Este cambio muestra que el dolor no solo deja paso a la alegría: es transformado en ella.
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Fuentes: Orthodox Church in America