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Exaltación Universal de la Preciosa y Vivificante Cruz

14 de septiembre (calendario juliano) / 27 de septiembre

Las fechas siguen la tradición del calendario de este proyecto. Las parroquias que usan el nuevo calendario celebran las fiestas fijas en otras fechas civiles.

La Exaltación de la Preciosa y Vivificante Cruz es una gran fiesta dedicada a la Cruz de Cristo. Reúne el recuerdo eclesial de su hallazgo en Jerusalén y de su regreso desde Persia.

Sentido de la fiesta

La Exaltación Universal de la Preciosa y Vivificante Cruz honra la Cruz en la que fue crucificado el Señor Jesucristo. La fiesta recuerda tanto los sufrimientos del Salvador como su victoria sobre la muerte. Su nombre se refiere a la elevación solemne de la Cruz por san Macario, patriarca de Jerusalén, para que la multitud reunida pudiera verla y venerarla. El pueblo respondía con la oración: «Señor, ten piedad». La celebración tiene lugar el 14 de septiembre según el calendario juliano, fecha que corresponde al 27 de septiembre en el calendario civil durante los años 1901–2099.

Historia y tradición de la Iglesia

La fiesta está vinculada con acontecimientos del siglo IV. Después de que cesaran las persecuciones contra los cristianos, san Constantino, Igual a los Apóstoles, envió a su madre, la piadosa emperatriz Elena, a Jerusalén para buscar los lugares relacionados con la vida terrena y los sufrimientos de Cristo. Según la tradición de la Iglesia, en el lugar de un templo pagano fueron descubiertos el Sepulcro del Señor y tres cruces. Para reconocer la Cruz del Salvador, el patriarca Macario tocó sucesivamente las cruces a un difunto; al contacto de una de ellas, el hombre volvió a la vida. Entonces la Cruz fue elevada para la veneración de todos. La iglesia de la Resurrección en Jerusalén fue consagrada el 13 de septiembre de 335, y al día siguiente se estableció la celebración de la Exaltación. También se recuerda el retorno de la Cruz a Jerusalén tras catorce años en Persia.

Sentido espiritual hoy

La Cruz orienta a los cristianos hacia el camino de Cristo: un camino de humildad, amor y entrega de sí mismo. La tradición eclesial sobre el regreso de la Cruz expresa claramente esta enseñanza. El emperador Heraclio la llevaba al principio con sus vestiduras reales, pero se detuvo ante la puerta que subía al Gólgota y no pudo avanzar. El patriarca Zacarías le indicó que dejara a un lado las señales de su dignidad imperial. Vestido sencillamente y descalzo, llevó la Cruz a la iglesia. En esta fiesta, los fieles son llamados a contemplar la Cruz no como un signo de poder terrenal, sino como una invitación al arrepentimiento, a la fidelidad a Cristo y a la misericordia con los demás. La veneración de la Cruz está unida a la esperanza de la resurrección revelada por Cristo.

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Fuentes: Orthodox Church in America

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