Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso
Fiesta móvil: 22 de febrero de 2026
Las fechas siguen la tradición del calendario de este proyecto. Las parroquias que usan el nuevo calendario celebran las fiestas fijas en otras fechas civiles.
El Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso concluye la preparación de la Iglesia para la Gran Cuaresma. En 2026 se celebra el 22 de febrero. Este día invita a comenzar el ayuno no solo con cambios en la alimentación, sino también con arrepentimiento, reconciliación y deseo de volver a Dios.
Sentido de este domingo
En este domingo, la Iglesia recuerda la expulsión de Adán del Paraíso. El relato bíblico narra la desobediencia de los primeros seres humanos y su salida del Edén. Según la comprensión de la Iglesia, este acontecimiento manifiesta la tragedia del alejamiento humano de Dios: quienes fueron creados para la comunión con Él llegaron a ser herederos de la muerte y la corrupción. Esta memoria no busca llevar al desaliento. Ayuda a reconocer con sinceridad la condición herida de la humanidad y la necesidad de volver a Dios. Situado justo antes de la Gran Cuaresma, el día habla tanto del Paraíso perdido como de la esperanza de renovación por el arrepentimiento y la obediencia.
Fundamento bíblico y memoria eclesial
La celebración se apoya en el relato bíblico del Paraíso, del mandamiento dado a Adán y de la expulsión que siguió a la desobediencia. La tradición de la Iglesia entiende el mandamiento de Dios a Adán también como una llamada al ayuno o a la abstinencia. Adán no guardó esta obediencia. Por eso, al comenzar el camino cuaresmal, los fieles meditan sobre las consecuencias del pecado: la separación de Dios, la pérdida de la vida bienaventurada y la llegada de la muerte. El culto vespertino de este día marca la entrada en el ayuno; sus himnos llaman a purificar el alma y el cuerpo, absteniéndose no solo de alimentos, sino también de las pasiones.
Significado espiritual hoy
El ayuno no es una práctica meramente negativa ni una simple restricción alimentaria. Puede ser un tiempo para liberarse de hábitos pecaminosos y deseos desordenados, y para alimentar el alma mediante la oración, el arrepentimiento, la participación en los oficios y la vida vivificante de los Misterios de Cristo. Este domingo propone comenzar con humildad: reconocer la necesidad de la misericordia de Dios, pedir perdón y perdonar a los demás. La abstinencia atenta se une a las obras de bondad, a la paz con el prójimo y al cuidado de quienes lo necesitan. Así, el recuerdo del Paraíso perdido se convierte también en una invitación a dirigirse hacia Dios.
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Fuentes: Orthodox Church in America